Historia

La Universidad Obrera de México tiene como antecedente histórico la Asociación Pro Cultura Nacional, fundada en 1933 y constituida por catedráticos de reconocidos méritos científicos y pedagógicos a nivel nacional, como el Dr. Vicente Lombardo Toledano y el Dr. Antonio Caso; los licenciados Jesús Silva Herzog, Xavier Icaza, Palma Guillén y Ricardo J. Zevada; los biólogos Isaac Ochoterena, Leopoldo Ancona y Antonio Ramírez Laguna; el ingeniero Arturo Martínez Adame; así como los pintores y grabadores David Alfaro Siqueiros, Leopoldo Méndez, Jorge Enciso y Xavier Guerrero; el escritor Agustín Yáñez y otras muchas personalidades de gran significación dentro del panorama cultural del siglo XX.

La Asociación “Pro Cultura Nacional” fundó la Escuela Preparatoria “Gabino Barreda” y más tarde la Universidad “Gabino Barreda”. Al crearse el Instituto Politécnico Nacional, la Asociación “Pro Cultura Nacional” decide que la Universidad “Gabino Barreda” concluya sus labores y le hace entrega a la naciente institución de los implementos y aparatos científicos de las escuelas de Bacteriología, Química e Ingenie- ría Municipal. Al mismo tiempo, se acuerda establecer la Universidad Obrera de México, la cual se funda el 8 de febrero de 1936, en un acto al que concurren representantes de todas las organizaciones sindicales nacionales.

El propósito que animó al Dr. Vicente Lombardo Toledano al crear esta institución fue formar cuadros dirigentes del movimiento obre- ro en función de los intereses de la clase trabajadora, por lo que era necesario hacerles llegar los instrumentos fundamentales para orientar mejor sus luchas, a través del conocimiento científico de la realidad social e histórica. Una institución con estos fines había sido, a lo largo de los años, una de las grandes aspiraciones de la clase obrera desde la fundación de la Casa del Obrero Mundial en 1912.

Al fundarse la Universidad Obrera de México, se cumplió una de las demandas más urgentes de la clase obrera organizada en sindicatos y de miles de trabajadores sin afiliación alguna. Tal demanda era contar con una institución educativa que explicara de qué manera funciona y cuál es la importancia de un sindicato; cómo se forma una federación o una confederación; cuáles son las funciones de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, etc. Ese conocimiento era y sigue siendo un principio fundamental para poder ejercer a plenitud el derecho al trabajo, que estaba ya establecido en el artículo 123 de nuestra Carta Magna y reglamentado por la Ley Federal del Trabajo. Igualmente, importante era llevar a los trabajadores a la clara comprensión del desarrollo histórico de la economía y de la lucha de los obreros y campesinos tanto a nivel nacional como internacional, y las corrientes del pensamiento filosófico existentes.

Teniendo estos propósitos en mente, el plan de estudios de la Universidad Obrera de México siempre ha estado vinculado a las demandas contractuales, a los derechos conquistados, a implantar una democracia sindical con independencia plena de la clase patronal, de los gobiernos estatales o del federal y de los partidos políticos, y en una actualización permanente de acuerdo con el desarrollo de las aplicaciones científicas y técnicas a la producción.

Esos avances tecnológicos no siempre han favorecido a los trabajadores o a la sociedad en su conjunto, lesionando, en cambio, niveles de vida, seguridad en el empleo, salud, vivienda y justa jubilación; también se han inclinado ostensiblemente a favor del otro factor de la producción que es la clase empresarial, misma que, en el afán de aumentar su capital, crea una lucha contra sus trabajadores, una lucha de clases. Esto es muy claro en el actual proceso de globalización neoliberal que se da en nuestro país y en el mundo.

En este encuentro de intereses antagónicos, cumplen una función trascendental la educación sindical y la formación cultural suficientes para extender, en el marco de los avances legislativos, las posiciones de clase frente a los derechos políticos, para que, en caso de que las partes de la producción consideren necesario efectuar reformas a la Ley Federal del Trabajo, éstas se realicen con base en los derechos conquistados a lo largo de la historia del movimiento obrero, la cual ha demostrado que es de suma trascendencia para la vida de la Nación el respeto a las organizaciones sindicales, la fundación de nuevas entidades de trabaja- dores, así como la firma de contratos colectivos de trabajo. Para cumplir esto se necesitan dirigentes honestos, democráticos y comprometidos con la defensa de los derechos de todos los trabajadores.

Esta plataforma de intereses está enmarcada en los tratados que tiene el Estado mexicano con instituciones internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), organismos de larga trayectoria y de logros importantes en el desarrollo de la sociedad mundial civilizada, educada y culta, y de las cuales forma parte nuestro país por acuerdos y vocación histórica.

Dentro de esas importantes instituciones universales oficiales y en los organismos sindicales mundiales se ha manifestado la presencia del movimiento obrero mexicano, desde el año de 1918, cuando se funda la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), que recoge en sus objetivos las luchas de los trabajadores organizados en gremios des- de la segunda mitad del siglo XIX; de las organizaciones anarquistas que tuvieron a uno de sus ideólogos más representativos en la figura de Ricardo Flores Magón, o bien, de la Casa del Obrero Mundial.

Así también encontramos que, en el esfuerzo por hacer una defensa organizada de los trabajadores sindicalizados, están siempre presentes las reivindicaciones por la educación sindical y el desarrollo cultural de los trabajadores. Este principio está plasmado en los objetivos y programas de las actuales confederaciones y sindicatos nacionales, lo mismo que en las centrales continentales o mundiales.

Es por eso que una institución como la Universidad Obrera de México, la que ahora lleva incorporado el nombre de su fundador, Vicente Lombardo Toledano, cumple una función sustantiva dentro del movimiento sindical nacional y en la sociedad en su conjunto, al tiempo que contribuye en la labor formativa de trabajadores de no pocos países, principalmente de América Latina, cuyos alumnos han llegado a ser líderes de sus centrales nacionales.

En este sentido, la Universidad Obrera siempre ha mantenido sus principios internacionalistas, dentro de los que se encuentra la contribución de maestros y conferencistas, muchos de los cuales, en el pasa- do reciente, han encontrado en nuestro país un justo refugio. Es así como en su larga lista de colaboradores están registradas personalidades del exilio alemán, italiano, español, estadounidense y de casi todos los países latinoamericanos.

Habría que agregar que, en diferentes épocas, en los consejos consultivos y directivos de la Universidad Obrera de México, han estado los nombres de ilustres mexicanos destacados en el campo del arte, la literatura y las ciencias sociales; como el del siempre respetado general Lázaro Cárdenas o el de David Alfaro Siqueiros, para mencionar sólo a dos, sin menoscabo de todos los que se encuentran registrados en planes de estudios, libros, folletos y publicaciones editadas por esta institución.